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Magda y Luis

  • Foto del escritor: Vale Sosa
    Vale Sosa
  • 1 ago 2021
  • 3 Min. de lectura

Son las 2 am y las luces de la ciudad iluminan sus rostros, somnolientos, pero siempre alertas. La belleza se esconde, detrás de gestos toscos, los golpes y la dureza de vivir al limite.

Una botella de vodka, o de whisky, a su lado. Lo que el universo provea, para suavizar tanta realidad. Son el uno para el otro, se miran y saben lo que están pensando... Se desesperan cuando la muerte o la injusticia acecha a alguno, y se protegen como pueden... se enfrentan a lo que sea, y a quien sea, si miras sus ojos, su fuego te quema. Se conocieron cuando la vida se les escapaba de las manos. Y el amor los transformo en jóvenes risueños, soñadores... Y ese amor, que también los consumía, es el mismo que ahora los mantiene a salvo.

La vida es extraña, ¿verdad? pensamos, nos angustiamos, la ansiedad se apodera de nuestro presente, porque queremos asegurarnos de que nada nos falte. Nada de lo que creemos indispensable, (cada vez son mas cosas, para llenar este vacío inevitable de existir). Perdemos el presente por asegurarnos el futuro... pero, ¿Quién sabe que va a suceder mañana? Creemos que nunca nos tocará vivir situaciones extremas, que nunca nos van a excluir o marginalizar, que nunca sentiremos hambre, y para eso tenemos que trabajar en encajar, entonces dejamos de escuchar, y de mirar...

Luis trabajaba desde pequeño con su padre, haciendo changas de pintura, albañilería... Le enseñaron a ser respetuoso, a ser honesto, pero le toco nacer y crecer pobre, y las oportunidades, no son equitativas con las del resto. Ni siquiera pudo terminar sus estudios de escuela primaria, ¡el, que tanto añoraba convertirse en actor de cine o de teatro! en sus ratos libres recitaba algunas líneas de su película favorita, El padrino, y se imaginaba en un set de filmación, con una silla con su nombre, aprendiendo sus partes... Solo Magda sabia del sueño de Luis, y realmente era un sueño, ya que la realidad lo había golpeado muy duro.

A la edad de 13 años perdió a su familia en un incendio. Todo lo que mas amaba en el mundo, se esfumo en una noche de invierno. La inequidad y la injusticia, devoro su vida. La angustia indescriptible, inexplicable, perforo su pecho y la pregunta eterna, ¿por que?

La poca familia que tenia cerca y la comunidad cercana lo ayudaba, pero no era suficiente. El gran vacío era irremplazable, solo adormecía el dolor con drogas y alcohol, ¿Qué otra cosa podía hacer? Por mucho tiempo vagabundeo, no buscaba nada, estaba vacío. Incluso veía de cerca a la muerte, acompañándolo junto con otras almas perdidas.

Hasta que conoció a Magda.

Magda, llena de energía, llena de vida, llena de sueños. La primera vez que la vio, revivió involuntariamente el sueño de convertirse en actor. Recordó las líneas que tanto se esforzaba en no olvidar, sin siquiera pensarlo, repito, ¡algo completamente involuntario! y en ese momento se dio cuenta de lo especial que ella sería para el. Cuando la miró a los ojos recordó los abrazos de su madre, los consejos de su padre, pero especialmente recordó quien era, en el reflejo de sus ojos.

Y aquí me detengo a pensar, en lo importante que son esas personas que en un segundo nos cambian la vida, en este caso, a Luis que había perdido su propósito, su familia, sus posesiones. Esas personas mágicas que no son pasadas por alto y a las que les pertenece un lugar especial.

Ella caminaba por la calle, con un cigarrillo en la mano, despreocupada, sin saber que le esperaba. Luis caminaba por la misma calle, detrás de ella. Luis, un tipo muy torpe, tropieza, cayéndose sobre Magda, quien, al mismo tiempo aplasta su cigarrillo encendido en la mano de Luis. Un desastre en cadena, un hermoso desastre que se prolongaría por la eternidad.

No se separaron mas. Magda había encontrado al fin a quien cuidar, a quien reparar. Su naturaleza despreocupada era solo un escudo de lo que realmente anhelaba. Tener a su lado un corazón noble con quien compartir charlas en la noche, y el frío y las luces de la ciudad pegándoles en la cara. Sabían que pertenecían a ese mundo, que habían sido ensamblados para sobrevivir en la oscuridad, en el anonimato, mas allá de los sueños, muy lejos de las posibilidades.

Magda y Luis existen. Si salís a caminar, o a recorrer las calles de la ciudad, los vas a encontrar, pero tenes que mirar bien. Tenes que mirar de cerca. Debajo de mantas, de telas, de cartones, en rincones no tan glamorosos. Detrás de gestos toscos, de abandono. Si miras bien, hasta podes ver tu propia historia reflejada en sus miradas.

Hasta podes preguntarte, que vas a hacer cuando los veas...







 
 
 

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